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Victoria Álvarez. – Lumen, 2013

Aventuras, romance, historia, misterio y fenómenos sobrenaturales se dan la mano en esta novela de protagonismo coral en la que tres amigos muy diferentes destacan sobre el resto. Poco tendrían en común el profesor Alexander Quills, el joven y brillante estudiante Oliver Saunders y el descarado y mujeriego Lionel Lennox, si no fuera por su interés por el más allá y su implicación común en el Dreaming Spires, el periódico inglés especializado en las nuevas ciencias paranormales que editan y que a pesar de sus esfuerzos, no se encuentra en su mejor momento. En línea con las investigaciones del diario, Quills recibirá una carta en la que se solicitan sus servicios. La enigmática misiva, enviada desde una pequeña población costera de Irlanda, le informa de la existencia de una banshee habitante de un castillo perteneciente al antiguo clan de los O’Laoire. Según la cultura popular, la banshee es un espíritu femenino, ni fantasma ni alma en pena, perteneciente siempre a una gran familia, por cuya descendencia vela desde las sombras, y que solo se manifiesta en los momentos anteriores a un duelo, sirviendo de heraldo de la muerte. Lo especial del caso es que su último y aterrador grito fue previo a la muerte de un personaje ajeno a la familia cuya única pretensión era adquirir el castillo, en venta como consecuencia del deterioro económico de sus dueñas. Los tres amigos ingleses viajarán hasta Kilkurling para investigar el caso. Ante las reticencias de la dueña del castillo, el trio le ofrece ayuda con la venta de la propiedad a cambio de que les permita escribir un artículo sobre la existencia de la extraña aparición, así como sobre la muerte acaecida en su territorio.

Este será el inicio de una serie de investigaciones, aventuras, peligros, misterios, celos, desapariciones, enamoramientos y escarceos amorosos que pronto harán que los protagonistas se olviden de su objetivo inicial, pero que configurarán la trama de esta novela profusamente documentada y adecuadamente ambientada en el Oxford y la Irlanda de principios del siglo XX, envuelta en un halo fantástico a caballo entre la literatura inglesa de misterio y las leyendas populares irlandesas al más puro estilo de las novelas decimonónicas.

No hay una trama única en la obra y aunque sí haya una principal no es por ello la más interesante, de hecho no estaría completa sin el resto, que siempre van unidas a alguno de los personajes de la obra. El narrador omnisciente va saltando de un personaje a otro cambiando el punto de vista de la narración. Y es que para cada uno de los personajes la autora ha creado una vida y un pasado que acabará apareciendo a lo largo de la obra en capítulos alternos y en ocasiones de forma simultánea o entrelazada, creando tantas subtramas en torno a la principal como personajes, a los que sería injusto llamar secundarios. En este aspecto, la maestría de la autora está en dar a cada nombre su lugar y entrelazar sus historias sin pisarse ni se restar importancia en una especie de tela de araña en la que cada detalle es importante.

He de reconocer que cuando me acercaba al final he sentido cierto recelo hacia la novela, que a mi modo de ver dejaba inconclusos ciertos temas esbozados al principio del relato. Sin embargo, no me cuesta reconocer, porque lo he comprobado una vez finalizada mi lectura, que los bolsillos interiores de Victoria Álvarez no solo son grandes sino que están muy bien rematados, pues me atrevo a asegurar que cuando esta autora guarda sus tramas, ni se le pierden, ni se le olvidan, distribuyéndolas en una estructura perfectamente planificada para sorprender al lector en el momento más inesperado. Y como sabemos que la obra forma parte de una trilogía de la que ya se ha publicado el segundo título, Contra la fuerza del viento, quiero creer que aquello que ha dejado sin desarrollar aquí, forme parte importante de esta, pues me he quedado con ganas de saber más de Verónica, sobrina de Quills y amante de Lionell, que irrumpe con fuerza en la obra diluyéndose entre los celos de una de sus rivales, y por supuesto de August Westwood, sacerdote amigo del trio protagonista que aun siendo médium no realiza ninguna de sus sesiones de espiritismo en este libro en el que tan útil habría sido sentarse a hablar con la banshee, o con el personaje atormentado que se esconde tras ella.

Por último, una confesión. Esta ovejita no había leído nunca a Victoria Álvarez. Por ello, y aunque promete enmendarse, no ha sabido reconocer el guiño que con uno de sus personajes la salmantina ha querido realizar a una de sus anteriores obras. Busquen los lectores y encuentren, pues los documentos consultados no dan pistas, y este por desconocimiento, tampoco. M.L.P.

En la frontera.