Dentro del ciclo anual “De un lado a otro: Miradas contemporáneas” que organizó, el pasado mes de diciembre, la Biblioteca Pública Casa de las Conchas de Salamanca, tuvimos la oportunidad de charlar con la jovencísima escritora Jenn Díaz quien, muy amablemente, accedió a concedernos esta entrevista permitiéndonos conocer algunos aspectos relacionados con su forma de escribir, sus preferencias literarias o sus referentes. Esperamos que os resulte tan interesante como a nosotras.

¿En qué momento supiste que querías dedicarte a escribir?

No lo decidí conscientemente en ningún momento. Yo tenía un blog, escribía cuentos y había una respuesta, a partir de ese momento, hice unos cuentos enlazados entre sí, hasta el punto de que había creado mi primera novela. Cuando la acabé empecé la segunda, que fue la primera que publiqué. Lo hacía porque me estaba divirtiendo, pero, como tenia amigos en común con un agente literario, éste me dijo que podía representarme y mandar mis manuscritos a las editoriales. Ahí fue cuando me di cuenta de que lo que estaba haciendo era más serio que escribir un blog y pasármelo bien.

En tu última novela, Madre e hija, consigues dibujar una realidad amarga bajo una apariencia suave tanto en el estilo narrativo, un estilo sencillo, como en la construcción de esos personajes resignados. ¿De dónde le viene a una persona tan joven como tú este conocimiento de personas de una generación que no tiene nada que ver con la tuya?

Supongo que esto tienen mucho que ver mis abuelos que viven en Extremadura. Les gusta recordar cómo eran de pequeños, cómo es la vida en el pueblo, qué cosas han cambiado… y yo creo que, de escuchar esas historias, y de indagar en sus vidas, empiezas a empatizar con una serie de cosas de una generación que no es la tuya. Además el tipo de literatura que siempre me ha gustado, con la que empecé a leer y a escribir es la de una generación que no es la mía: Martín Gaite, Ana María Matute, Delibes… De algún modo, empecé a imitar a una generación que, ni mucho menos, es la mía, y la verdad es que me siento cómoda y no ha llegado el momento en que me plantee dejar de hablar de ella.

En dos de tus novelas: Mujer sin hijo y Madre e hija tratas el tema de la maternidad ¿Cómo se despierta en ti este interés por la maternidad?

Supongo que de ser hija de mi madre. Cuando sales de casa de tus padres y empiezas a vivir según tus propias leyes y comienzas a decidir cómo quieres encarrilar tu vida, hay cosas que te preocupan más que otras, y en mi caso, el hecho de ser madrasta de una niña de ocho años, me hace reflexionar a cerca de la maternidad y, en especial, de esta maternidad mía, que oficialmente no está reconocida pero que, en el día a día, la estás ejerciendo. Y de todo esto nace la necesidad de explicarme la maternidad y, también, porque no deja de ser otra de las caras de la mujer. Hay mujeres que no llegan a ser madres pero, en cualquier caso, toman la decisión de no serlo. Por lo tanto forma parte de las múltiples problemáticas que tiene que afrontar la mujer; yo siempre he sabido que quiero ser madre.

¿Tienes algún referente literario? ¿Algún escritor al que admires?

Sí. Le debo cada una de mis novelas a Carmen Martín Gaite porque, si no hubiese leído Nubosidad variable, no me habría puesto a escribir. Hay otra mujeres a las que admiro y a las que me gustaría parecerme y una de ellas, que está por encima de las demás, es Natalia Ginzburg, me fascina lo que hace y la tengo en mi cabeza cuando escribo.

¿Qué proceso creativo sigues a la hora de escribir una novela?

Normalmente empiezo a escribir y, al principio, voy muy suave, escribo muy despacio, una o dos páginas, porque estoy armando las cosas en mi cabeza, hasta que llega un momento, cuando tengo veinte o treinta páginas escritas, que empiezo a ver la estructura más clara y escribo más deprisa, unas diez paginas cada día. Como hasta ahora, todas mis novelas han sido muy breves, en tres meses las tengo acabadas. En este momento vuelvo al principio y comienza el proceso de corrección, que podría ser infinito, pero llega un momento en el que estoy harta de la novela y decido dársela, en primer lugar a mi agente y después a mis editores.

¿Qué importancia le das a las campañas de marketing y otras redes de difusión como los blogs o facebook para llegar al lector?

No era consciente de lo importantes que son hasta que hice una promoción con Lumen, que ha sido mi primera editorial grande. Cuando leo una reseña en el periódico, a mi no me anima a comprar un libro, pero me di cuenta de que cuando te hacen entrevistas, las concentran todas en dos o tres días y en una semana has salido en todos los periódicos y esto tiene su efecto porque te leen. Tú ya te has cansado de verte a ti misma, diciendo las mismas cosas, pero la gente que compra un periódico no compra otro, con lo cual, abarcas un abanico muy amplio de lectores y… funciona. Entre novela y novela desapareces porque, hoy en día, la gente es esclava de lo último que se publica y si no tienes un libro en la mesa de novedades, no eres visible y no te hacen entrevistas. Es muy importante para mi tener presencia en la prensa pero escribiendo yo las columnas, los artículos y las reseñas, y después las redes sociales me mantienen en la mente de los que están a mi alrededor. Si no tienes novedad se olvidan de ti pero de pronto haces un tuit o publicas algo y la gente vuelve a tenerte en cuenta.

¿Crees que hay diferencia entre escribir para un público adulto y uno juvenil?

Sí. Acabo de escribir una biografía de Picasso para niños de ocho a doce años, que todavía no ha salido, y me he dado cuenta de que cada palabra es susceptible de ser cambiada. Yo pensaba que, como mi lenguaje es muy sencillo y explico las cosas complejas de forma muy llana, hacer lo mismo para los niños, se me daría bien, pero me he dado cuenta de que dudo que entiendan algunas palabras y me pregunto si quiero que las entiendan o prefiero que las deduzcan por el contexto, dándoles un margen de inteligencia que les lleve a entenderlo. Por otro lado si hay muchas palabas que no entienden, me parece injusto que estén más pendientes de esas palabras que de lo que pasa en la historia o incluso que estas palabras les impidan llegar al final de una buena historia. Para el público juvenil, creo que mi lenguaje no tiene ningún problema.

¿Hay algún libro que te marcara en tu infancia?

En mi infancia no porque no he sido una gran lectora. No recuerdo ni un solo libro de mi infancia. Me marcaron más los libros que leí en la adolescencia, los que encontré en el instituto como lecturas obligatorias. Uno que me impactó fue Relato de un Náufrago.

¿Qué estás leyendo en este momento?

Empiezo siete libros a la vez. Uno que me está gustando mucho es un libro de Susan Sontag que se titula Sobre la fotografía.

¿Podrías recomendar algún título a nuestros lectores juveniles?

Yo recomendaría “Buenos días, tristeza” de Françoise Sagan cuya protagonista es una niña rebelde que no puede gestionar las cosas que le pasan y que se comporta como una adolescente, con esas rabietas, ese estar enfadado con el mundo tan característico de los adolescentes. También me gusta mucho “Aloma” de Mercè Rodoreda, que me parece fantástico para el público juvenil.

Muchas gracias, Jenn, por contestar a nuestras preguntas, apartándote, durante unos minutos, de la activa agenda de actividades que tenía programada la Casa de las Conchas. Te deseamos mucha suerte con tus próximas novelas.

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