lucyMe llamo Lucy Barton. – Elizabeth Strout. – Duomo, 2016. – (Nefelibata)

Hace mucho tiempo que Lucy vive lejos de sus padres, de su familia y de su pueblo natal, Amgash, Illinois. Su talento para la literatura le propició una beca en la universidad de la que no pudieron disfrutar sus otros hermanos. Procedente de una familia más que humilde, pobre, la suya no fue una infancia feliz, sin dinero para lo necesario ni amigos que compensaran su pobreza. Más que eso, era rechazada y aislada por su condición, por ir sucia al colegio y por vivir en un garaje. Si además las relaciones familiares no son las más adecuadas a un niño, si el silencio domina las horas, las palabras no dichas, las lágrimas no consoladas, los miedos no reconocidos…, la vida empeora. Los ojos de un niño no procesan estas situaciones, solo la mente ya adulta sería capaz de analizarlas y aceptar o corregir las consecuencias que una infancia difícil puede dejar en la vida de cualquier ser humano.

Lucy ya es adulta, ha conseguido hacerse a sí misma, ha estudiado, ha salido de la pobreza, se ha casado, ha publicado dos relatos y tenido dos hijas, después se ha separado, ha seguido escribiendo y sigue analizando su pasado. Entre sus trabajos, la novela que es razón de esta reseña. Una novela corta cuyo ritmo, interés e intensidad puede hacer que se lea en un suspiro, (ha sido mi caso). Que nadie piense que se trata de una novela biográfica. La verosimilitud de los personajes, su sinceridad, su tono intimista, pueden hacer creer al lector en esta posibilidad sin ser así. Se trata de una novela sincera, sencilla en torno a los sentimientos, una novela de observación del comportamiento humano, de relaciones humanas sin grandes análisis emocionales ni psicológicos, pero llena de amor. El amor de una hija a una madre a la que hace años que no ve y de una madre a una hija a la que nunca ha dicho una palabra bonita, no por falta de deseo, sino por incapacidad vital, porque nadie se lo enseñó, quizá, o porque la vida es demasiado dura para andarse con cariños (lease la ironía en mis palabras)

Se trata de una novela muy fragmentada temporalmente. La narradora Lucy Barton, habla en presente de un hecho pasado. Su estancia larga en un hospital como consecuencia de complicaciones de salud tras una sencilla intervención de apendicitis. El hecho hizo posible que su madre acudiera a cuidarla durante cinco días en los que ambas permanecieron juntas casi de continuo en esa habitación en la que entre conversaciones banales revivieron el vínculo de unión materno filial que parecía deshecho desde hacía años. La relación en esos cinco días no es muy distinta a la de la infancia de la protagonista, pero sí lo es su visión de las cosas, su forma de entender a una madre que sufre y que no sabe, que vive la vida sin plantearse sus propios sentimientos ni los de la gente que la rodea. Lucy aprovecha su trabajo como escritora para contar esta anécdota mientras va y viene sin orden aparente entre otros acontecimientos de su pasado y otras relaciones familiares y sociales. Su vecino Jeremy, sus hijas, sus dos maridos, su ex-novio pintor, el médico que va cada día a verla al hospital, su hermano homosexual, su hermana mayor, las vecinas de su ciudad natal, la escritora Sarah Pyne, sus profesores de la infancia… vidas con mayor o menor suerte que nutren la suya de sentimientos, influencias y reflexiones, y le hacen comprender que ninguna vida es perfecta, que todos callamos, reímos, sufrimos y remontamos… y que en el camino también nos comparamos con las personas más cercanas, aquellas que sin saber por qué tuvieron más o menos suerte que nosotros, pero siguen ahí, nutriendo nuestro mundo y el mundo, como eslabones de una misma cadena. Esas son las historias que solo se viven una vez, como le dice su hija a Lucy en uno de sus encuentros, ya de adulta, Cuando escribes una novela siempre puedes reescribirla, pero cuando vives con alguien durante veinte años, esa es la novela, y nunca puedes volver a escribir esa novela con nadie más. Es la complejidad de las relaciones humanas y familiares. ¿Ha repetido Lucy con sus hijas el patrón que su madre aplicó con ella? Tendrán que leer Me llamo Lucy Barton para averiguarlo. Se la recomiendo. M.L.P.

En la frontera