Mary Shelley; Elena Odriozola. Nórdica, 2013

Gracias al prólogo de la obra sabemos que Frankenstein surge a raíz de un reto planteado por Lord Byron al matrimonio Shelley y otros amigos ingleses. Están en los alrededores de Ginebra, es verano y las tardes son lluviosas. ¿Quién de ellos logrará escribir el relato de fantasmas más terrorífico? Mientras Lord Byron y Shelley descuidan sus relatos para hacer placenteras excursiones por los Alpes, nuestra joven escritora se lo toma en serio y, yendo más allá de las novelas góticas del momento, escribe un relato considerado por muchos la primera novela de ciencia ficción.

Las numerosas versiones cinematográficas que se han hecho de Frankenstein nada tienen que ver con lo que nos encontramos en la novela. El relato nos descubre un personaje complejo salpicado de rasgos humanos, muy alejado de esa bestia salvaje que aparece en las pantallas. A través de un discurso racional dirigido a su creador descubriremos un ser desamparado que siente hambre, frío y soledad. Un personaje que se gana la compasión del lector que ve como se esfuerza por entender el mundo y descubrir el lenguaje a pesar de sufrir el desprecio de cuantos le rodean. Un ser que plantea sus quejas reivindicando un trato más justo y más humano que le permita demostrar que no es malo por naturaleza.

Y todo esto lo iremos descubriendo a través de las cartas que el aventurero Robert Walton escribe a su hermana desde el Ártico en esa romántica búsqueda de territorios ignotos. Cartas que, además de las desventuras de su viaje, describen la desgarradora historia del doctor Frankenstein y su desgraciada criatura. El joven marinero reproduce el relato que el científico le narra, al convertirse en su huésped, después de ser rescatado de los fríos polares. En este contexto de soledad la escritura se convierte en transmisora de sentimientos y emociones. Esta escritura epistolar nos permitirá conocer las inquietudes científicas del joven Frankenstein durante sus años universitarios. Cómo cae en la tentadora idea de dar vida a un cuerpo deforme creado a partir de trozos de cadáveres y cómo, irresponsablemente, lo abandona a su suerte convirtiéndolo en un ser desgraciado cegado por una venganza que le llevará a cometer crímenes atroces. Más tarde, cuando ambos se encuentren, conoceremos los sentimientos de culpa de su creador y descubriremos la parte más humana de la bestia. Sin embargo este encuentro, lejos de acercarlos, se convertirá en una persecución mutua que finaliza en el Ártico con la muerte de uno de los protagonistas.

La original interpretación de Elena Odriozola a través de sus ilustraciones enriquece la obra aportando una mirada diferente. En ella identifica al joven científico con una madre embarazada que deambula por un escenario sombrío e inquietante a la espera de alumbrar a su hijo. Igual que en la novela, esta criatura sentirá el abandono materno y terminará apresando a su madre por la espalda.

A partir de 15 años

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