En una de sus recientes visitas a la librería Letras Corsarias de Salamanca, Ana Juan nos habló de sus orígenes como ilustradora, de sus fuentes de inspiración, de sus gustos literarios y de su exitosa colaboración con la revista The New Yorker. Fue un placer charlar con ella y conocer el proceso creativo de La Trilogía del Mar del Norte. En 5 ovejas negras hemos reseñado Hermanas, uno de los cuentos incluído en ella, para que también vosotros conozcáis su trabajo. Aquí os dejamos la entrevista que nos concedió. Esperamos que os resulte tan interesante como a nosotras.

¿En qué momento supiste que querías dedicarte a dibujar?

No hay un momento puntual, es algo que se va conformando a lo largo de tu infancia y juventud. Al principio no piensas que pueda ser un oficio, más tarde, a medida que vas comprendiendo, aprendiendo y amando el dibujo comienzas a soñar y a vislumbrar un futuro. Como muchos niños dibujaba obsesivamente, el problema es que al ir creciendo no dejé de hacerlo. Estudié Bellas Artes sin saber muy bien cómo poder canalizar mi pasión por el dibujo porque la pintura no me interesaba ni tampoco intentar una carrera en el mundo del Arte con mayúsculas. Siguiendo el amor que tenía por los libros ilustrados de mi infancia y por el dibujo conseguí encontrar un lugar en el mundo de la ilustración, no fue fácil porque no se contemplaba en la Facultad como materia a enseñar y en el campo laboral no había mucho más allá que la prensa, revistas o la ilustración de libros infantiles. Creo que tuvimos el privilegio de empezar a publicar en un momento afortunado pero aún tuve que luchar un tiempo hasta que conseguí ilustrar libros fuera del ámbito infantil.

Mi trabajo es consecuencia de mi personal visión del mundo. La ilustración es el medio que escogí para relacionarme con él. Un lugar solo mío y en el que me siento a salvo.

¿Tienes algún referente literario? ¿Algún pintor o ilustrador al que admires?

Bebo de muchas fuentes y creo que eso que llamamos “inspiración “ hay que buscarla en disciplinas que estén lo más alejadas posible de la tuya . Música, cine, pintura… Siempre he admirado la pintura flamenca: Los Brueghel, viejo y jóvenes, Van Eych, Van der Meyden…pero también de Daumier, Kathe Kollwitz a Mark Rothko me apasionan. Todo aquello que me emocione tiene algo que enseñarme.

¿Qué proceso creativo sigues a la hora de dibujar cuando estás creando una obra?

Si se trata de un libro, por supuesto en primer lugar leo, releo, estudio el texto y le doy mil vueltas. Mientras tanto no puedo evitar el ir abocetando esas primeras ideas que, en mi caso, son las más válidas. Después paso a hacer los bocetos, estudio la época en la que se desarrolla, planifico la paginación y paso a la realización de los originales. Imagino que este proceso es común a casi todos los ilustradores.

¿Qué importancia le das a las campañas de marketing y otras redes de difusión como los blogs o facebook para llegar al lector?

Las redes sociales son una fabulosa ayuda siempre que estén bien gestionadas pero este no es mi caso, soy bastante reservada a la hora de mostrar mi trabajo y mis pequeñas miserias. Me resulta difícil exponerme en este escaparate que son las redes, pero lo intento. Hay que reconocer que las redes te ayudan a darte cuenta de que no eres el centro del mundo, que hay más gente trabajando con inquietudes afines o diferentes a las tuyas y que son un buen altavoz para promocionar tu trabajo. También, es reconfortante reencontrar amigos que hace tiempo desaparecieron de tu camino y hacer otros nuevos como tú. Hoy en día dependemos de las redes para campañas de marketing y facilitan la visualización y posicionamiento de un libro, pero hay que tener un buen libro que vender.

Llevas más de 20 años colaborando con The New Yorker ¿Cómo surgió esa colaboración?

Hace más de veinte años de esto… El editor de la revista cambió y la nueva directora de arte buscaba  ilustradores  para formar un equipo de trabajo al que poder lanzar propuestas y con el que poder contar para solucionar portadas de emergencia, no hay que olvidar que es una revista de publicación semanal y la actualidad manda. En un viaje a Barcelona preguntó a un amigo librero por ilustradores españoles y él le mostró mi trabajo, y de esta forma entramos en contacto. No todo fue fácil, tuvimos varios intentos fallidos y hasta  dos años más tarde no conseguí publicar la primera portada.

En más de una ocasión tus dibujos han sido portada de la revista, una de ellas para hacer un homenaje a los atentados de París ¿Qué se siente cuando uno de tus dibujos es portada en una revista como The New Yorker?

Cuando ocurre por hechos como el atentado a Charlie Hebdo el conseguir publicar una portada es una mezcla de alegría y al mismo tiempo de enorme tristeza. Sientes que si el motivo de toda esa tristeza que ha construido tu orgullo no hubiese ocurrido, no habrías tenido que realizar esa portada. Sin embargo, hay portadas más alegres de las que disfrutas de su repercusión pero, hasta que una portada es publicada, no hay que olvidar cuantas ideas, cuantos bocetos e incluso finales se quedan olvidados por el camino.

¿Crees que hay diferencia entre dibujar para un público adulto y uno juvenil?

No, no debe haberla. El lector joven es un lector adulto, pero la industria lo impone y por eso abandoné la ilustración infantil, estaba abocada a hacer concesiones que no estaba dispuesta a hacer.

¿Hay algún libro que te marcara en tu infancia?

Tantos, hay tantos… era una lectora insaciable, nada me hacía más feliz que me regalasen libros, los cuidaba y releía una y otra vez. Recuerdo un libro que encontré por la casa, una edición de los años 30 de “Tiempo de soñar” de María Teresa León, mujer de Alberti, con una bellas ilustraciones de Rosario de Velasco que me hizo comenzar a interesarme por el dibujo en otro sentido, más allá de un entretenimiento.

¿Qué estás leyendo en este momento?

Hace tiempo que, para bien o para mal, ya solo leo aquello que ilustro. Los días son cada vez más cortos y me gusta sumergirme en el texto antes de ilustrarlo. La verdad es que este oficio me ha dado la posibilidad de conocer los textos mucho más profundamente que solo como lectora. De todos modos cuando no tengo un texto en el que trabajar, me gusta releer, encuentro necesario volver a aquellas lecturas que en su día me impresionaron e incluso a aquellas que por inmadurez no llegué a comprender del todo. El tiempo da otra perspectiva y es gratificante volver a darle una nueva lectura a un libro.

¿Podrías recomendar algún título a nuestros lectores juveniles?

Dentro del mundo de la literatura infantil tengo especial debilidad por todos los libros de Wolf Elbruch y de entre ellos creo que es una obra de arte “La muerte y el pato”, estéticamente sencillo y bello y en su mensaje no puedo encontrar una forma más delicada y al mismo tiempo sincera de acercar la idea de la muerte a un niño.

Para el infantil-juvenil o para todas la edades recomendaría un libro del que guardo un grato recuerdo, y no está en las estanterías, que me impresionó y me hizo plantearme cosas que no conocía, “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee. Me gusta alejarme de la rabiosa actualidad literaria, y leer y releer…

Muchas gracias, Ana, por tu disponiblilidad y por ofrecernos la posibilidad de conocerte en tu faceta profesional. Deseamos que este merecido éxito siga creciendo.